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Escriure vers el pensament subjectiu de la ment inquieta d'un individu pre-revolucionari i post-pragmàtic

Mes: febrero, 2012

[El caballo rojo es la percepción alterada de la realidad] Pensando

El otro día me preguntaron: ¿De qué color eres?. Aparentemente podría parecer una pregunta frívola y desconcertante si no es que llevas una cierta cantidad de narcóticos en el cuerpo que hacen de una experiencia simple un mundo lleno de elfos y unicornios.

Pero la pregunta me dio en que pensar. La verdad, es que si me tuviera que relacionar con un color que reflejara/definiera mi persona diría: “el marrón”. Curiosamente es un color que pocas veces utilizo, aunque cuando lo hago me parece algo característico y muy personal. Esta mezcla de pigmentos entre rojo y verde, naranja y azul, naranja y negro o amarillo y violeta, resulta siempre, a mi entender, de una rigurosidad muy marcada. Frecuenta la discreción y una cierta mediocridad, hasta el punto de pasar desapercibido. A pesar de su fuerte relación con lo natural, con la tierra, con aquello que produce sensación de no-artificialidad ni plasticidad, siempre tantea los límites de la irracionalidad sinestética, hasta el punto de confundir lo elementalmente esencial, de lo que en apariencia podría llegar a ser superficialmente artificial. Podríamos decir que su uso indiscriminado ha banalizado la trascendencia de su figura esencial.

Por otro lado, si analizo verdaderamente cual es el color con el que más me vinculo, o me gusta establecer una relación sinestética más profunda sería el azul. El azul siempre realiza una relación extrema con el mar o el cielo, que a su vez son representantes inmediatos de la serenidad y la profundidad. Al menos en mi cabeza suele pasar así. Pero mientras en el cielo la paleta de colores se desparrama entre un vaivén de grises, rojizos o azules, el mar siempre se mueve en esa gama cromática de azules turquesas y azules grisáceos oscuramente ennegrecidos por los turbulentos cielos de tempestad. Aquí reside un punto importante del elemento “azul”. Su esencia es más pura en tanto que mantiene siempre una gama aparentemente más uniforme, de tal forma que el día que pintamos un mar de color rojo, aquello parece insólito a la vez que inquietante.

La naturalidad de nuestro cerebro no permite entender lo “anormalmente” comprensible, y trata de encontrar siempre esa aparente “normalidad” de una realidad conocida hasta el momento. Busca la comprensión de una realidad aparente en un cuadro de J. Pollock, por ejemplo, y luego nuestro cerebro tarda en entenderlo. O como decía W. Kandinsky, “la incomprensión que a nuestro cerebro le produce la precepción de dibujar un caballo y pintarlo de rojo”. Alterar una realidad que hace que la mente active sistemas adicionales de comprensión. Eso resulta demasiado interesante.

 

PQ

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[Teoría del Desplazamiento Material] Pensando

Recientemente he llegado a la conclusión que la materia no solo se crea o se destruye, sino que a lo largo de su vida también se transforma. Hasta aquí nada nuevo. El simple hecho de concluir una experiencia como esta solo diluye la posible confusión de no haber entendido algún principio físico.

Sin embargo, hay algo fascinante, a la vez que peculiar, en toda esta transformación material. Si bien el material a menudo se transforma en otro elemento, a través de un cambio químico, a veces la esencia del mismo, no varía como ente “vivo” sino que es desplazado a otro lugar. En otras palabras, desplazamos una porción material de algo, para colocarlo en otro sitio. Un ejemplo quizá clarifique algunos de los hechos.

Durante muchos años, la ciudad de Barcelona, se abasteció de las canteras de Montjuïc (actualmente obsoletas, aún que quedan pruebas físicas delas mordeduras que se les hicieron a la montaña en forma de cajones cuadrangulares) para construir sus casa y revestir sus fachadas. Sin ir mas lejos, la propia fachada de la Casa Milà (La Pedrera) es producto del ensamblaje de numerosas porciones de roca talladas en la montaña de Montjuïc que fueron desplazadas hasta su fachada.

Es en este simple i singular proceso donde se observa que la materia, el sustrato propio de una zona, sigue existiendo en una misma realidad, aunque no en la misma ubicación. Dicho de otra forma, la montaña de Montjuïc ahora tiene unas cuantas toneladas menos de forma de montaña repartidas por numerosas fachadas y/o estructuras de la ciudad condal.

Resulta extraordinario pensar que si la montaña tuviera la capacidad de recopilar todos sus fragmentos diseminados  por la ciudad como si de un gran imán se tratará, la propia montaña podría recuperar su forma original. Es aquí cuando la determinación de ver que la materia se desplaza a través del espacio se hace posible.

La gran paradoja que acabo estableciendo reside en que a pesar de la destrucción/desintegración parcial de la montaña en pequeños fragmentos diseminados por la metrópolis, esta sigue existiendo en su totalidad material, dentro del mismo territorio (no tengo en cuenta que pequeñas partículas, así como elementos microscópicos puedan esparcir-se en formas diminutas a través del aire y acabar en otras regiones; en cuyo caso tendríamos que regenerar hasta las micro-partículas que por erosión natural o por movimientos humanos, han ido desapareciendo. Eso complicaría demasiado la Teoría establecida.)

Quizá ahora se asoma la posibilidad de reconstruir todos esos surcos abiertos en las grandes laderas de las montañas, para rehacerlas a base de pedazos y trozos de pavimentos, fachadas o resquicios diminutos de polvos esparcidos por algún lugar del mundo?

 

P.Q.