[El caballo rojo es la percepción alterada de la realidad] Pensando

por pepquilezlectures

El otro día me preguntaron: ¿De qué color eres?. Aparentemente podría parecer una pregunta frívola y desconcertante si no es que llevas una cierta cantidad de narcóticos en el cuerpo que hacen de una experiencia simple un mundo lleno de elfos y unicornios.

Pero la pregunta me dio en que pensar. La verdad, es que si me tuviera que relacionar con un color que reflejara/definiera mi persona diría: “el marrón”. Curiosamente es un color que pocas veces utilizo, aunque cuando lo hago me parece algo característico y muy personal. Esta mezcla de pigmentos entre rojo y verde, naranja y azul, naranja y negro o amarillo y violeta, resulta siempre, a mi entender, de una rigurosidad muy marcada. Frecuenta la discreción y una cierta mediocridad, hasta el punto de pasar desapercibido. A pesar de su fuerte relación con lo natural, con la tierra, con aquello que produce sensación de no-artificialidad ni plasticidad, siempre tantea los límites de la irracionalidad sinestética, hasta el punto de confundir lo elementalmente esencial, de lo que en apariencia podría llegar a ser superficialmente artificial. Podríamos decir que su uso indiscriminado ha banalizado la trascendencia de su figura esencial.

Por otro lado, si analizo verdaderamente cual es el color con el que más me vinculo, o me gusta establecer una relación sinestética más profunda sería el azul. El azul siempre realiza una relación extrema con el mar o el cielo, que a su vez son representantes inmediatos de la serenidad y la profundidad. Al menos en mi cabeza suele pasar así. Pero mientras en el cielo la paleta de colores se desparrama entre un vaivén de grises, rojizos o azules, el mar siempre se mueve en esa gama cromática de azules turquesas y azules grisáceos oscuramente ennegrecidos por los turbulentos cielos de tempestad. Aquí reside un punto importante del elemento “azul”. Su esencia es más pura en tanto que mantiene siempre una gama aparentemente más uniforme, de tal forma que el día que pintamos un mar de color rojo, aquello parece insólito a la vez que inquietante.

La naturalidad de nuestro cerebro no permite entender lo “anormalmente” comprensible, y trata de encontrar siempre esa aparente “normalidad” de una realidad conocida hasta el momento. Busca la comprensión de una realidad aparente en un cuadro de J. Pollock, por ejemplo, y luego nuestro cerebro tarda en entenderlo. O como decía W. Kandinsky, “la incomprensión que a nuestro cerebro le produce la precepción de dibujar un caballo y pintarlo de rojo”. Alterar una realidad que hace que la mente active sistemas adicionales de comprensión. Eso resulta demasiado interesante.

 

PQ

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