[Un búho enorme.] Pensando

A la sombra de las letras de Peter Nooten me sumergen imágenes variadas. Sumisas en la penumbra de una nube blanca. Algo así como una niebla. Una nivela espesa, pero que entre deja ver los pocos arbustos y plantas que se hallan en el lugar. Una vegetación poco densa, tampoco insoportable. Se desvanece en un vaivén de ondulantes fragmentos de opacidad y transparencia. Una luz constante y tenue. No hay el resol molesto de las mañanas de nubes grises.

Un espejo marca un punto en falso. No hay nada que reflejar más que los pequeños arbustos. Un rizo espumoso de ramas verdes que se enzarza en las arrugas del viejo tronco del sauce desvanecido. Esos surcos en el tronco se marcan como arrugas en la piel. Surcos que ahondan nuestros rostros y marcan el tiempo biológico de cada uno. Unos surcos con propia identidad. Almacenan sentido y significado propios. Solo se pueden obtener con la edad. Son símbolo inequívoco de experiencia, aunque no siempre de conocimiento. Son nuestra identidad.

Tras el gran tronco se alzan otros más. Ahora despejados tras la niebla que los invade. Y tras ella un búho. Un búho enorme. Recogiendo sus alas, tras el vuelo. Un vuelo impecable. Sus alas no rasgan el viento, lo envuelven en suaves espirales de polvo, como si de una mousse se tratase. Acaricia el suelo con las garras levantando hojas secas del húmedo suelo de musgo verde. Esta vez no reprenderá el vuelo.

No hay nada más que ver. No se puede ver más. Y sin embargo la incapacidad de poder ver más allá, genera la voraz inquietud que mantiene mi pensamiento inquieto y mis sentidos alterados. Solo oigo el silencio roto tras el viento, que poco a poco amaina una niebla, tras la cual se halla el desconcierto.

 

PQ

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